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jueves, 10 de noviembre de 2011
lunes, 8 de agosto de 2011
¿Para mí que es la Eucaristía?
El domingo que paso tuve una experiencia increíble, asistí a una misa que particularmente captó mi atención. No tanto por cómo estaba oficiada, sino en sí misma. Eso para mí ya es algo sorprendente. Muchas veces nos gusta una misa por como la vivimos en ese momento; por las palabras del sacerdote, por las moniciones, las lecturas, la reverencia de los acólitos, en fin; por infinitud de cosas que de repente si no salen bien decimos a veces: “hoy no me gusto la misa” –como si todo en la misa dependiese de esos factores para ser el «acontecimiento central de la obra redentora de Jesucristo a través de la Iglesia»-.
Yo, particularmente que no suelo fijarme tanto en los detalles quede sorprendido; como capturado por una cuestión en particular… la consagración y la eucaristía. Fue algo diferente, uno normalmente suele estar conectado en la misa y en especial con este momento, pero esta vez yo me sentí como absorbido, atrapado en aquel momento. Mi mente se nublo de todo como si nada más existiera solo era yo y ese momento en el que el sacerdote levantando la Hostia decía “tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros”. Pero no era solo eso, si así lo fuera sería una frase aislada; como sin sentido.
El Padre no solo hace algún rito sin sentido, sus palabras estaban llenas de un contexto, histórico, algo real que en ese preciso momento se estaba actualizando para mí como si se me diese la oportunidad de transportarme 2000 años atrás a aquel cuarto pequeño y de luz tenue donde se dio la Última Cena de Jesús con sus apóstoles… relato que vemos por ejemplo en la primera carta de San Pablo a los corintios cuando dice: «Yo he recibido una tradición, que procede del Señor, y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: –Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía. Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: –Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que bebáis, en memoria mía. Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva». (1 Cor 11, 23).
¿Un Sacerdote 2000 años más tarde tiene la capacidad de hacerme volver en el tiempo hasta ese momento?, más bien se sintió como que ese momento vino a mí antes que yo a Él, en las palabras “Este es mi cuerpo; esta es mi sangre” pude sentir como era Dios quien salía a mi encuentro, como era Él quien verdaderamente tenía «ansías de pasar conmigo», como era Él quien preparaba un banquete para que yo este con él, para que lo acompañe.
Entonces todo cambia, la eucaristía se vuelve otra cosa, ya no es las palabras que pronuncia el sacerdote, ya no es el momento particular de la misa, ya no es el momento de participación directa entre Cristo y la Iglesia, ya no es solo pararme a comulgar, ya no es solo celebrar su victoria gloriosa sobre la muerte. Ahora Es mi momento con Cristo, mi momento de encuentro personal con Él, de dialogo, de compartir profundo, fraterno y real; ahora es el acontecimiento más grande de mi vida en donde Cristo verdaderamente comparte conmigo un momento que traspasa el tiempo y el espacio y que en la medida en que yo quiera puede durar entonces solamente o para siempre. Ahora Cristo en la eucaristía es todo. ¡TODO!
miércoles, 15 de septiembre de 2010
¡Mi vida, pues, un disparo a la eternidad!
A veces me pongo a pensar en cuantas veces a uno se le olvida en su identidad, su trascendencia. Muchas veces pensamos que todo se queda acá, que todo depende de como me valla aquí en lo que hago y en lo que dejo de hacer. Si pensar en que la muerte es el momento en que todo se va a acabar, que infelicidad nos daría acercarnos a la vejez. Pero si pensamos en la "hermana muerte" -como varios autores la llaman- como aquella que nos conducirá a esa existencia infinita, a ese encuentro con Dios cara a cara, la cosa cambia y ahora todo es espera y esperanza. ya no es un acontecimiento negativo, más bien es la alegría del encuentro definitivo.
Navegando en Internet encontré una reflexión del Santo Padre Hurtado sobre la eternidad. sobre como toda mi vida es siempre con Cristo un disparo a la eternidad. se las dejo....
"La naturaleza de Dios: Santo, Santo, Santo; armonía, orden, belleza, amor. Dios es Amor; Omnipotente; Eterno. Pensemos cuando el mundo no existía... Imaginemos el acuerdo divino para crear... El primer brotar de la materia. La evolución de los mundos. Los astros que revientan. Los millones de años. «Y Dios en su eternidad». ¡Todo depende de Dios!, y, por tanto, ¡la adoración es la consecuencia más lógica de mi dependencia total!
La oración, que a veces nos parece inútil, ¡qué grande aparece cuando uno piensa que es hablar y ser oído por quien todo lo ha hecho! A Dios que no le costó nada crear el mundo ¿qué le costará arreglarlo?, ¿qué le costará arreglar un problema cualquiera? Tanto más cuanto que nos ama: ¡Nos dio a su Hijo! (Jn 3,16). A veces un desaliento porque no comprendo a Dios, pero, ¿cómo espero comprenderlo, yo que ni comprendo sus obras? Consecuencia: mucho más orar que moverme. Además que en el moverme hay tanto peligro de activismo humano.
¿Y yo? Ante mí la eternidad. Yo, un disparo en la eternidad. Después de mí, la eternidad. Mi existir un suspiro entre dos eternidades. Bondad infinita de Dios conmigo. Él pensó en mí hace más de cientos de miles de años. Comenzó, si pudiera, a pensar en mí, y ha continuado pensando, sin poderme apartar de su mente, como si yo no más existiera. Si un amigo me dijera: los once años que estuviste ausente, cada día pensé en ti, ¡cómo agradeceríamos tal fidelidad! ¡Y Dios, toda una eternidad!
¡Mi vida, pues, un disparo a la eternidad! No apegarme aquí, sino a través de todo mirar a la vida venidera. Que todas las creaturas sean transparentes y me dejen siempre ver a Dios y la eternidad. A la hora que se hagan opacas me vuelvo terreno y estoy perdido.
Después de mí la eternidad. Allá voy y muy pronto. Cuando uno piensa que tan pronto terminará lo presente uno saca la conclusión: ser ciudadanos del cielo, no del suelo.
¡Vivir, pues, en visión de eternidad! Cuánto importa refrescar este concepto de eternidad que nos ha de consolar tanto. La guerra, los dolores, todo pasa ¿Y luego? Nada te turbe, nada te espante, ¡Dios no se muda!. Y después de la breve vida de hoy, la eterna. ¡Hijitos míos! No os turbéis. En casa de mi Padre, hay muchas moradas (cf. Jn 14,2). La enseñanza de Cristo está llena de la idea de la eternidad."
martes, 26 de mayo de 2009
El Amor más grande
El Amor, es la llama del Corazón, El Amor, mueve a la caridad al hombre con su hermano,
No hay más que pensar en esta vida,
Sino cuanto se ama al prójimo en este mundo.
Solo el Amor es capaz de sufrir y de morir por otra persona,
Solo el Amor mezcla alegrías y dolores como blancas flores,
En torno al corazón del hombre.
Es la llama que motiva a salir al encuentro,
y que permite verlo todo con el alma,
conectada a profundidad con su creador.
El Amor, es el reflejo papalble de la existencia de la Vid,
no es una temática utópica, ni se reduce a un mero sentimiento,
sino que se extiende alrededor de toda la vivencia humana.
solo Él, el Amor hecho carne, puede evidenciar al hombre,
su profunda sed por vivir el Amor; la reconciliación.
Él Amor es tan grande, que mueve al hombre a compartirlo con el cirineo,
Permite amar al único Dios y no como muchos al dinero.
El concepto del Amor, demuestra un vasto horizonte imcomprendido,
Que erige imponente una montaña,
Que ayuda al hombre a entender el verdadero sentido del camino emprendido.
El puño del hombre se doblega, el insulto del cobarde se silencia,
El latigo y el hacha del verdugo se rompen, y el corazón se abre,
Y florece tan solo por inercia, por la llama que al corazón de Amor incendia.
Tanto Amó Dios al Mundo, que envió al Unigénito suyo
a hacerse hombre en el vientre de la Amante Sierva,
donde desde la Cruz salió ganando el Amor redentor,
que florecio como un capulló
y aplacó el reinado del Enemigo Pecador.
"Amaos los unos a los otros" comando,
"tanto como os he amado a vosotros Yo"añadió.
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