Sucribete a nuestro feed

Testigos de la Luz

Mostrando entradas con la etiqueta alegría. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alegría. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de abril de 2012

Hoy Señor te atiendo

Les compartimos un poema que nos mandó un agrupado hace algunos días; nos ha parecido oportuno publicarlo y compartirlo. la temática del poema se centra en la vocación y en el llamado que Dios hace a cada uno de nosotros a seguirlo de cerca desde la intimidad:

Hoy; Señor,
quisiera tan solo conversar,
dejar la palabrería,
hacer silencio...
Escucha; escucha bien,
viene el Señor que llama.

Quiero, Señor,
alejarme ahora del tedio y la rutina,
estas ahí..me escuchas
te siento...
A algo me llamas. lo sé, no hay dudas
escucho de cerca tu voz que me interpela,
como el agua en una grieta en mí penetras,
lo sé... cada día lo siento más.

¿Qué hay conmigo Señor?
¿Qué tengo yo? a la voz del poeta,
me invitas, me atraes
quieres ser uno conmigo,
-¿Quién soy yo señor?-
debe haber para todo esto un motivo,
alguna circunstancia,
algo en mí, Señor,
te llamo la atención...

Me tomas de la mano,
iluminas con tu luz,
mi interioridad revelas,
no te soy ajeno Señor...

Día a día me acrisolas; me forjas,
me haces ver el mundo como si de mí todo depende,
-mi corazón apunta doquier-
más una sola es la respuesta,
uno el camino selecto y una la luz que ilumina,
uno el sendero...

LLamas mi atención Señor,
te atiendo,
aquí estoy yo tu siervo,
sintiendote...
anhelando verte,
muriendo a mí por querer vivir contigo...

martes, 27 de marzo de 2012

La Eucaristía y la Transfiguración del Señor


« ¡Qué bueno es estarse aquí Señor! Preparemos tres tiendas para pasar aquí la noche» Lc. 9, 33.

La experiencia de estar en vigilia junto al Señor sacramentado es fácilmente asociable a la de los discípulos cuando son llevados al monte a ver al Señor transfigurarse. La forma de Dios revela el misterio. También a nosotros hoy se nos muestra tal cual es. El Hijo del Padre se revela completo en el símbolo de su amor, y la acción de su gracia santificante –como entonces- nos hace turbarnos como aquellos apóstoles y caer también rendidos ante la belleza.

Así como entonces también hoy se da ese encuentro misterioso de Dios con sus ángeles, santos y profetas en donde el dialogo intimo y amoroso se refleja en derrame de virtudes para nosotros que jugamos en este encuentro el papel de los apóstoles. ¿Cómo no querer quedarse en este sosiego que nos da el espíritu? ¿En esta paz que nos da el Señor con su presencia real en el punto máximo de la expresión de su amor?

Contemplar la eucaristía, es contemplar un misterio grande. Ajeno a toda racionalización secular. Contemplarla es admirarse ante la belleza sencilla de Dios. Es toparse cara a cara; de corazón, con el misterio de la transfiguración de Jesús.
Ver a Dios cara a cara ¡cuánta admiración! Y hasta da algo de miedo al ver la propia finitud  ante tan grande regalo que Dios nos hace. Dios, nos permite ingresar –si así lo buscamos- a los misterios de Su corazón, nos permite escudriñar sus pensamientos, ver en el libro de su Plan de amor. ¿Qué Dios hace eso que no sea el nuestro? Nada hay más grande y misterioso que la trinidad ¿y que se deje palpar así de perceptible? ¡Es de locos! Y es que es precisamente eso lo que se expresa en el misterio de la eucaristía. La locura de Dios que por su amor se hace carne en el inmaculado vientre de una virgen y da Su vida; humana y divina, asido a una cruz para morir por una creatura contingente. El que es Amor, se hace mendigo del amor humano para nuestra salvación. Figura que esta tan bien expresada en la vigilia eucarística.

¿Qué actitud asumir, pues, ante tan inmedible gracia donada? La de María.
Su ejemplo de elocuente espera y contemplación ante el misterio, nos educa casi sin percibirlo en el dialogo eficaz para decir cuanto es justo y necesario y no caer en inútiles verborreas, para no caer en los llamados “silencios incómodos” fruto del desorden del corazón, para no apuntar a las aristas del amor que se derrama en dones del espíritu; sino más bien ir cada vez más a lo esencial.
De Ella podemos aprender a rumiar con inteligencia oblativa en los pensamientos de Dios. Nadie mejor que ella conoce verdaderamente a esa comunión trinitaria de amor que se revela en el pan eucarístico. Puede que su accionar en el encuentro pase desapercibido, pero al igual que Jesús, María no se expresa en el barullo, su voz se percibe clara en el silencio del alma; en la quietud del espíritu. La pureza no se ostenta por eso se acoge a un perfil bajo, al contrario de la impureza, esta no necesita del aplauso aprobatorio o del vituperio del mundo y por eso al percibirla más de cerca se derrama en don en abundancia.
María, modelo de espera y esperanza, que particularmente recordamos y meditamos en el sábado santo, nos muestra con claridad cómo debemos acercarnos al Señor presente verdaderamente en la eucaristía, la disposición, la apertura, la ternura, las palabras, todo nos lo enseña María. Su fin no es otro que acercarnos cada vez más a Jesús con esa pureza perfecta tan característica suya. Aprendamos de María a contemplar el Misterio de Dios.

lunes, 6 de febrero de 2012

Celibato - invitación y respuesta


El tema del celibato, es un tema que realmente cuestiona bastante. Cuestiona el origen de la capacidad de esa renuncia a lo que para el mundo es algo muy normal; el tener una familia. Pensar en darle toda tu vida a Dios, es algo que ciertamente te cambia la manera de pensar y de vivir. Ahora hay que tomar una decisión radical.
« ¿Será bueno el celibato para mí? ¿Sería capaz de vivir el celibato durante toda mi vida?»[1] Si bien es cierto hay luces abundantes para discernir una posible vocación, en especial ahora, en la juventud, pero no por eso faltan los momentos de pequeñas crisis.

Si, es cierto que existe la visión de que para ser sacerdote o consagrado había que renunciar a que me gusten las chicas para siempre y que tenía que encerrarme en una parroquia o en algún monasterio en medio del bosque. El tiempo, la formación y la conversión , dejarse tocar por ese extraño ideal de vivir la vida como Cristo en comunidad; ahí es cuando el tema del celibato deja de ser una renuncia oscurantista y en esos términos antinatural, porque no me van a dejar de gustar las chicas y porque ser consagrado no va a ser encerrarme en una parroquia o comunidad, etc.

Siguiendo la línea misma del Santo padre, el celibato no es una renuncia, es una opción por la plenitud personal de la vida, es una respuesta a esa respuesta de Dios que me ofrece vivir plenamente disponible para el Amor. Luego, el celibato, no me quita mi libertad. Al ser una opción que Dios me da, optar por él, con Amor, es una opción por la más grande libertad que se pueda experimentar, la libertad del amor. El celibato no es arrebatarme de mi naturalidad para estar en el Amor de Dios, más bien, es una donación amorosa que responde a esa invitación al amor universal. No es algo que viene con el combo de la vida consagrada, que si “esto” entonces “esto”. Todo es cuestión de Fe, «contemplar la fe como la única fuerza en la vida»[2].  Solo en el abandono total en la fe como María y por amor a ese Plan que Dios me ofrece puedo entender el celibato y su dinámica testimonial de mostrar al mundo el Reino de los Cielos para su edificación en la tierra.

El celibato, no es un mero instrumento funcional en el despliegue amoroso de la persona. El celibato más bien es la columna, la fuente de la vida del consagrado. El celibato por el reino es la señal ante el mundo y ante Dios de la medida del Amor por la que ha optado la persona. Este (el celibato) configura todo su ser (el de la persona) en función de ese amor participativo del infinito amor de Cristo.
El celibato no es algo accesorio ni parte del kit. Nutrido del amor que mueve a la persona a ese estado de vida «representa una especial configuración con el estilo de vida del propio Cristo»[3]

Para mi vivir el celibato, es vivir como el Señor Jesús que fue indudablemente célibe. Es optar como Él por el más grande amor; el Amor que viene de Dios. Para mí el celibato no te hace menos hombre como no pocas veces escucho, en cambio, creo que te hace más hombre, no por ser “un bacán que se las aguanta todas” sino porque te da una capacidad de amar que desafía a la mente humana, que la rebasa por largo. Un amor que va más allá de lo mero carnal, que penetra al fondo del corazón y saca a la luz la santa dignidad de la vida humana. Un amor que da total sentido a las necesidades de la persona de amar y ser amadas y valorarse y ser valoradas.

Entonces, el celibato es una opción amorosa por un amor más grande, es intima unión con Dios. Mediante el celibato, muestra y «testimonia la incondicionalidad del amor que impulsa a perder la propia vida como respuesta a la sobreabundancia de amor del Señor que nos ‘primereó’ dando su vida por nosotros» [4]

Ser célibe es tan posible como lo es ser santo hoy. Aunque sea difícil no tengo dudas de ello, es más si me fuera fácil habría que preocuparse por entender su verdadero sentido en la vida de cada uno. No es ser célibe porque me pueda aguantar las ganas de que me guste una chica por el ideal de seguir más de cerca a Cristo. Opto por el celibato porque el Amor que siento dentro de mí que arde por amar infinitamente me impulsa a optar por ese celibato por el Reino, por ese celibato por el mundo, porque el mundo sí necesita de hombres que se entreguen a Dios porque hubo un Dios que así mismo se entrego por los hombres.


[1] Orar, Benedicto XVI, pg. 77. , ediciones planeta testimonio.
[2] Orar, Benedicto XVI, pg. 309. , ediciones planeta testimonio.
[3] Orar, Benedicto XVI, pg. 77. , ediciones planeta testimonio.
[4] Bergoglio Card. Jorge, Homilía del 11 de Agosto, Buenos Aires, Argentina.

martes, 26 de mayo de 2009

El Amor más grande

El Amor, es la llama del Corazón,
El Amor, mueve a la caridad al hombre con su hermano,
No hay más que pensar en esta vida,
Sino cuanto se ama al prójimo en este mundo.


Solo el Amor es capaz de sufrir y de morir por otra persona,
Solo el Amor mezcla alegrías y dolores como blancas flores,
En torno al corazón del hombre.
Es la llama que motiva a salir al encuentro,
y que permite verlo todo con el alma,
conectada a profundidad con su creador.

El Amor, es el reflejo papalble de la existencia de la Vid,
no es una temática utópica, ni se reduce a un mero sentimiento,
sino que se extiende alrededor de toda la vivencia humana.
solo Él, el Amor hecho carne, puede evidenciar al hombre,
su profunda sed por vivir el Amor; la reconciliación.

Él Amor es tan grande, que mueve al hombre a compartirlo con el cirineo,
Permite amar al único Dios y no como muchos al dinero.
El concepto del Amor, demuestra un vasto horizonte imcomprendido,
Que erige imponente una montaña,
Que ayuda al hombre a entender el verdadero sentido del camino emprendido.

El puño del hombre se doblega, el insulto del cobarde se silencia,
El latigo y el hacha del verdugo se rompen, y el corazón se abre,
Y florece tan solo por inercia, por la llama que al corazón de Amor incendia.

Tanto Amó Dios al Mundo, que envió al Unigénito suyo
a hacerse hombre en el vientre de la Amante Sierva,
donde desde la Cruz salió ganando el Amor redentor,
que florecio como un capulló
y aplacó el reinado del Enemigo Pecador.

"Amaos los unos a los otros" comando,
"tanto como os he amado a vosotros Yo"añadió.