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Testigos de la Luz

domingo, 29 de mayo de 2011

Un hombre y una roca...

Una buena amiga y lectora nos ha dejado este lindo relato sobre la fidelidad y la obediencia y los abundantes frutos que de esta nos vienen, nos ha parecido bueno compartirlo con todos los lectores y amigos. Esperamos que sea para todos motivo de reflexión, oración y apostolado:

Un hombre dormía en su cabaña, cuando de repente una luz iluminó la habitación y apareció Dios. El Señor le dijo que tenía un trabajo para él, y le enseñó una gran roca frente a la cabaña. Le explicó que debía empujar la piedra con todas sus fuerzas.

El hombre hizo lo que el Señor le pidió, día tras día. Por muchos años, desde que salía el sol hasta el ocaso, el hombre empujaba la fría piedra con todas sus fuerzas... y esta no se movía. Todas las noches el hombre regresaba a su cabaña muy cansado y sintiendo que todos sus esfuerzos eran en vano.
Satanás decidió entrar en el juego trayendo pensamientos a la mente del hombre: "Has estado empujando esa roca por mucho tiempo, y no se ha movido". Le dijo que la tarea que le había sido encomendada era imposible de realizar y que él era un fracaso. Estos pensamientos incrementaron su sentimiento de frustración y desilusión. Satanás le dijo: "¿Por qué esforzarte todo el día en esta tarea imposible? Solo haz un mínimo esfuerzo y será suficiente".

El hombre pensó en poner en práctica esto, pero antes decidió elevar una oración al Señor y confesarle sus sentimientos: "Señor, he trabajado duro por mucho tiempo a tu servicio. He empleado toda mi fuerza para conseguir lo que me pediste, pero aún así, no he podido mover la roca ni un milímetro. ¿Qué pasa? ¿Por qué he fracasado? ". El Señor le respondió con compasión: "Querido hijo, cuando te pedí que me sirvieras y tú aceptaste, te dije que tu tarea era empujar la roca con todas tus fuerzas, y lo has hecho. Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era empujar.

Ahora vienes a mí sin fuerzas a decirme que has fracasado, pero ¿en realidad fracasaste? Mírate ahora, tus brazos están fuertes y musculosos, tu espalda fuerte y bronceada, tus manos callosas por la constante presión, tus piernas se han vuelto duras. A pesar de la adversidad, has crecido mucho y tus habilidades ahora son mayores que las que tuviste alguna vez. Cierto, no has movido la roca, pero tu misión era ser obediente y empujar para ejercitar tu fe en mi. Eso lo has conseguido. Ahora, querido hijo, yo moveré la roca".

miércoles, 25 de mayo de 2011

Aclaraciones ante la carta circular de la Congregación para la Doctrina de la Fe

Para todos aquellos que rumorean, hablan y divulgan la mentira de que “la Iglesia tapa, esconde y solapa las tendencias erróneas de sus clérigos hacia la feligresía” hemos decidido en esta ocasión publicar un nota sobre algunas consideraciones que se tratan en la última carta circular que la Congregación para la Doctrina de la Fe ha publicado para la atención a los casos particulares de clérigos acusados de pedofilia o actitudes impropias a su estado clerical con motivo de que la acción pastoral referente a estos casos sea cada vez más pronta a responder ante ellos y más precisa para cada país y cultura.

Cabe recalcar también que el documento, no es como algunos piensan “Una promulgación oficial del Vaticano aplicada a todos los casos referidos al tema de las impropiedades de los clérigos”. Es decir, no estamos hablando con este documento de una especie de bula papal que ya determina como se ha de actuar contra estos sucesos –referente a metodología, aplicaciones, etc.- es ciertamente una carta directriz para que los obispos de cada diócesis tomen en cuenta la voz de la Iglesia universal y preparen un plan de acción especifico y determinado en cuanto a cómo actuar ante estos casos en sus diócesis particularmente.  El secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe ha dicho sobre este documento que son «"Líneas guía" para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte de miembros del clero, de manera apropiada a las situaciones específicas en las diferentes regiones del mundo.»

«Con una "Carta circular", la Congregación ofrece una amplia serie de principios e indicaciones, que no sólo facilitarán la formulación de Líneas guía y, por tanto, la uniformidad de la conducta de las autoridades eclesiásticas en las diferentes naciones, sino que también garantizarán la coherencia en el nivel de Iglesia universal, aun respetando las competencias de los obispos y de los superiores religiosos.» este documento cubre también lineamientos para la atención de las víctimas, cooperación de autoridades civiles, competencias locales, formación de los seminaristas, programas de prevención y formación permanente para el clero, etc.

S.Em. el Card. Levada, Prefecto del dicasterio nos dice que «En relación al trabajo que se debe realizar para la redacción de las nuevas Líneas guía o para la revisión de las ya existentes, la carta de presentación da dos indicaciones operativas: en primer lugar, implicar a los Superiores Mayores de los institutos religiosos clericales (para que se tenga en cuenta no solo al clero diocesano, sino también al religioso), y después, enviar copia de las Líneas guía a la Congregación "antes de fines del mes de mayo del 2012".»

La carta circular presenta dos principales preocupaciones en lo que refiere al documento:
1.    Animar a afrontar a tiempo y eficazmente el problema con indicaciones claras, orgánicas, adaptadas a las situaciones locales, que comprenden también las relaciones con las normas y las autoridades civiles.

2.    Respetar la competencia fundamental de los Obispos diocesanos (y de los Superiores mayores religiosos) en la materia.

El Card. Levada nos dice que «la circular es, por tanto, un paso muy importante para promover en toda la Iglesia la conciencia de la necesidad y de la urgencia de responder de manera más eficaz y con visión de futuro al flagelo de los abusos sexuales por parte de miembros del clero, renovando así la plena credibilidad del testimonio y de la misión educativa de la Iglesia, y contribuyendo a crear en la sociedad en general aquellos ambientes educativos seguros de los que existe una necesidad urgente».

Fuentes:

  • Declaración de promulgación de la Carta Circular, S.Em. Cardenal Levada, Roma, Congregación para la doctrina de la Fe.
  • Aciprensa Noticias
  • Oficina de Prensa de la Santa Sede, promulgaciones y decretos oficiales, Vatican Information Service


jueves, 19 de mayo de 2011

"Oración para la vida y el apostolado, vida y apostolado hechos oración"

La oración es ese camino de dialogo con Dios, esa «cadena de oro fino»[1] que une verdaderamente a Dios con los hombres. No por nada nos dice el Señor «cuando dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio ellos»[2].

Son innumerables la cantidad de sectas y movimientos que hoy profundizan en técnicas meditacionales, caminos de relajación –o de encuentro como los llaman también- desde las más arcaicas hasta exóticas en su fondo y forma. El florecimiento de estos “novedosos caminos actuales” nos habla de la profunda necesidad del hombre de encontrarse con Dios, nos hablan de su profunda hambre de más; de su nostalgia de infinito. Todo esto si lo contrastamos con la cultura de lo superficial que hoy se encuentra en todos lados; nos habla. El hombre tiene necesidad de Dios, le es natural esa tensión a Él y lo reconoce y lo busca.

«El dialogo con Dios se enraíza en la naturaleza misma del ser humano, en su anhelo de encuentro pleno»[3] por esto se puede afirmar –como nos dice Luis Fernando Figari- que  «la oración responde a la intranquilidad que hay en el corazón del hombre […] le es esencial»[4]. Es el mismo Señor el que nos invita constantemente a velar y orar. «Orad siempre sin desfallecer».[5]

Nuestra oración es esa respuesta a la respuesta que Dios nos ha dado queriéndose acercar a nosotros. Es la respuesta a nuestra identidad, el contacto con nuestro interior nos lleva siempre al contacto directo con Dios pues al participar de su ser nos ha dado la capacidad de compartir con Él toda nuestra vida.

Cuando hablamos de oración para la vida y el apostolado hablamos de que esa oración ganada a fuerza de momentos de encuentro con Dios debe iluminar toda nuestra vida, todas nuestras acciones.  Todo en nosotros debe reflejar aquella respuesta de la que hablamos y ante esto María es un clarísimo ejemplo, su respuesta fiel en el “fiat” fue un momento de oración que ilumino toda su realidad y todas sus acciones cotidianas, no por nada muchos maestros espirituales la llaman “maestra de oración”. Así como María si nosotros pudiéramos hacer que toda nuestra vida sea respuesta al Plan de Dios, haríamos que cada cosa del día fuera en sí misma oración. Una oración continua. Es entonces donde entramos en que la vida y el apostolado son hechos oración.

Juan Pablo II dirá que «Jesús de Nazaret oraba todo el tiempo sin desfallecer; la oración era la vida de su alma y toda su vida era oración»[6].  En el modelo de Jesús encontramos «un perfecto ejemplo de cómo se deben unir estas dos realidades; la constante comunión con el Padre y la vida intensamente activa»[7].
Sin esta unidad se corre el profundo riesgo de la desorientación, de las lamentaciones. San Juan Berchmans dice que «toda apostasía en la religión tiene su origen en la falta de oración»[8] y con razón lo dice pues el que deja de rezar pierde el horizonte, descarrea del camino, poco a poco, cada vez más.  Caer en activismos no es nunca la respuesta, ser apóstoles supone que seamos además de hombres de acción, hombres de oración.

Aspirar a que toda nuestra vida y nuestro apostolado sean oración supone la concatenación, la unión, de esos momentos fuertes de oración en donde dialogamos como amigos con Dios y la consagración cotidiana de todas nuestras actividades, gestos, palabras y pensamientos a Dios que es donde nos encontramos con Él como ese Dios cercano que busca acercarse a nosotros.  Así «Todo acto es oración si es don de sí para llegar a ser» nos dice Saint-Exupèry. Esto por supuesto constituye todo un programa de vida. Un vivir cada vez más comprometidamente una “espiritualidad de lo cotidiano” que a medida que la practicamos nos va asemejando al Señor, nos va conformando a Él “modelo del hombre nuevo” haciendo que toda nuestra existencia se despliegue en una vida santa y en un apostolado fecundo.


[1] Ver San Juan de la Cruz, La noche oscura.
[2] Mt. 18, 20.
[3] CHD 86
[4] Luis Fernando Figari, Huellas de un peregrinar, pg. 58 , fondo editorial, Lima 2005
[5] Lc. 18, 1.
[6] S.S. Juan Pablo II, la oración del Hijo al Padre, 22/7/87,1. En CHD 86
[7] S.S. Juan Pablo II, Vita Consecrata, 74b.
[8] San Juan Berchmans en Huellas de un peregrinar, Luis Fernando Figari, Fondo Editorial, Lima, 2005.